Lo conoce en una red social.
Le gusta la música que sube, su humor, lo que responde cuando ella escribe.
Se enredan en una seguidilla de respuestas delirantes con alguien más, se divierte, le gusta pero es de los que ella pone al instante en la lista de intocables.
Una tarde él le envía un mensaje donde plantea su problemática, dudas, inquietudes sobre el momento particular que atraviesa.
Quiere garantías, lo embargan temores, algunas certezas.
Ella opina con una mezcla de aséptica sinceridad.
Siguen por mail.
Se enredan.
Él porque es devorado día a día por el tedio. Descubre una ventana por la que intuye mirando sin participar que hay algo más, otra vida posible. Se asoma a través del intercambio con esta mujer que lo fascina.
Ella porque está aburrida, él le recuerda los espadeos interesantes y veloces que experimentó alguna vez con un hombre que la marcó a fuego.
Con este no se puede. Lo tiene claro.
Se enredan más. Él es encantador. La busca, insiste, la va envolviendo como esa música que una escucha desde lejos y necesita averiguar de donde viene y quien la toca. Decide averiguar.
Tienen intercambios apasionados, pelean, ella se arrepiente de toda intención y tiempo perdido.
Todavía no se han visto.
Se ven.
Es invierno. 18 de junio. 14 hs.
Ella lo ve parado al sol envuelto en una campera grande, un pantalón formal pero barato, el ceño fruncido, toda su expresión es adusta.
Sin embargo camina hacia él sabiéndose bella, "felice, etérea"
Toman café. Se van. Tienen sexo. A ella le gusta pero ha tenido mejores encuentros, mejores amantes. Este es tímido e inhibido. Logra soltarse un poco. Ser otro.
Este hombre tiene una particularidad, algo que la deja conmovida e intrigada.
Se siente tocada. Ahí, donde no llegan muchos, donde casi nadie ha llegado. Sólo aquel innombrable que le estremeció todos los cimientos.
Decide mientras él la alcanza hasta su auto, envuelta en una angustia indescifrable y al borde del llanto, que sí; que va a cumplir la promesa que se hizo a sí misma y que le manifestó a él antes de ese encuentro.
La de no volver a verlo.
Esa noche llora por esa nostalgia, la peor de todas, la nostalgia por lo que nunca va a suceder.
Él la seduce con palabras y canciones.
Ella ya decidió. Corta todo contacto.
No vuelve a verlo nunca más.
Puntual a la cita el azar le depara otros encuentros.
El olvido se lleva la mayor parte esa tarde de junio soleada, preciosa.
Cuando la recuerda, en remotas ocasiones,sabe que no se ha equivocado.
La intuición siempre es soberana.
Ella iba a amarlo con locura y él la iba a destrozar.
Mejor que no fue así.
Mejor.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario