Devolvió todos y cada uno de los regalos y recuerdos materiales.
Tiró a la basura lo que no entraba en la caja de encomienda.
Escribió palabras incomprensibles para el otro hasta el absurdo.
No entendió hasta mucho después que las paredes, los bloques de piedra no escuchan, no son atravesados por las balas ni las palabras amorosas, aunque estas sólo fueran de despedida.
El cinismo, el egocentrismo, nada entienden de amor, por más que lo intenten, se esfuercen, se deshagan por largos ratos en los brazos del otro.
Renegó del tiempo perdido, después de haberse hundido en el más hondo y oscuro sufrimiento.
Tocó todos los fondos, se asomó una y mil veces al abismo.
El dolor se hizo literal en el cuerpo. Muchas veces se durmió doblada de dolor.
Está enojada consigo misma por la ilusión sin reparos, cierta candidez imperdonable, la obstinación costosa.
Pudo entender la denigración plena de sadismo a la que él acudió para aplacar un deseo vehemente.
La desaparición súbita, de un día para el otro, sin preavisos ni señales. La cobardía de nunca dar la cara, en una especie de recurso certero para no tentarse.
No por entender perdona.
Sus caras se le tornan borrosas. Aún la favorita, la de sus momentos de desfallecimiento entre sus brazos.
No hay fotos donde volver a encontrarlo.
La voz se aleja en el recuerdo. Los olores se pierden.
Los momentos felices se han contaminado a pesar de que ella no se ha dejado engañar con sus relatos argumentado dudas y excusas inconsistentes.
El deseo no se simula, está o no está. Estuvo.
Aún así esos momentos han minimizado, reducido, se ha han vuelto reemplazables, han perdido su condición de únicos e irrepetibles.
La pérdida más trascendente y considerable es la del cariño, resto inevitable después de un mutuo gran amor. No hay cariño, nostalgia, añoranza alguna.
Fiel a su naturaleza, hasta que él no arrasó con todo, no terminó. Cómo si faltara dolor, terminó de coronar dando a ver un engaño mediocre, recubriendo una vez más lo que no va a poder ser, porque nunca se deja de ser un predador.
Porque nunca se puede crear un vínculo genuinamente desde la cumbre del narcisismo. aunque se simule maravillosamente para combatir una soledad insoportable.
No es lo mismo cualquier mujer que aquella que conmovió todos los cimientos. Que atravesó el cuerpo con una angustia inédita ante la posibilidad de perderla.
Ella lo sabe, él también, aunque prefiera ignorarlo aún después de haberlo confesado.
Hoy no hay, no queda nada.
No pudo,intentó pero al final no quiso poder. Ella no pudo, queriendo poder.
No pudieron.
Por más que ella supiera que no hay, pero que el amor acerca los bordes de la hiancia inevitable.
Quedó la cuenta.
Y cuando ella la revisa, larga y toda suya ya que el mozo se la entregó sin dudarlo, se le imponen los versos de un tango: "y si he perdido pago y me voy".
Pagó.
Concluye.Porque una vez que vió, ya sin el velo que teje el amor, se preguntó si aún querría tenerlo y la respuesta llegó; inexorable: no.
No querría jamás volver a tener a alguien como él.
Al fin se va.
Como Alina Reyes, dejando a su otra magullada en el puente y el frío.
Lo cruza.
"Sin dar vuelta la cara, y yéndose".
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