“Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al malo. Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos "
Alejandra Pizarnik
Desde muy chica tuve cierta fascinación por la lectura. Leía todo lo que encontraba a mi alcance.
A su vez escribía un diario, algo de moda en las nenas de esa época, pero con la particularidad de que además de lo cotidiano solía escribir sobre las cosas que me preocupaban haciéndole preguntas al futuro.
La idea era dejarlas planteadas en sobres que cerraba y tenían fecha de apertura por ejemplo, dos años después. Algo en mí intuía que la ansiedad, la pena se alivian con la palabra y el tiempo.
Alejandra Pizarnik
Desde muy chica tuve cierta fascinación por la lectura. Leía todo lo que encontraba a mi alcance.
A su vez escribía un diario, algo de moda en las nenas de esa época, pero con la particularidad de que además de lo cotidiano solía escribir sobre las cosas que me preocupaban haciéndole preguntas al futuro.
La idea era dejarlas planteadas en sobres que cerraba y tenían fecha de apertura por ejemplo, dos años después. Algo en mí intuía que la ansiedad, la pena se alivian con la palabra y el tiempo.
Hacer hablar a la pena, ponerle
palabras, para que el corazón no estalle, para no ahogarse con ella.
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